Viernes 23 de octubre del 2026
«No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortalezco y te auxilio, y te sostengo con mi diestra victoriosa». (Isaias 41,10)
MI REFLEXION:
Tener fe no significa que nunca vamos a sentir miedo, dudas o inseguridad. Somos seres humanos, frágiles y vulnerables, y hay momentos en que las dificultades nos abruman, la incertidumbre nos inquieta y el corazón comienza a temer, aun cuando creemos en Dios. La fe no nos hace inmunes al miedo; nos recuerda dónde encontrar fuerzas cuando el miedo nos vence.
¿Qué debemos hacer en esos momentos? No sentirnos culpables por tener miedo, sino reconocer nuestra debilidad y acercarnos más a Dios. Hablarle con sinceridad, pedirle fortaleza y luz para seguir adelante, incluso cuando no comprendamos lo que estamos viviendo. No siempre podremos evitar que el temor llegue, pero sí podemos decidir que no sea él quien dirija nuestros pasos. Cuando nuestras fuerzas flaqueen, recordemos que no tenemos que poder con todo ni tener todas las respuestas. Basta con dar un paso a la vez, confiando en que Dios camina a nuestro lado.
Tener fe no significa que las dificultades no nos hagan sentir miedo, ni que las dudas nunca toquen nuestro corazón; significa aprender a buscar refugio en Dios aun cuando nos sentimos débiles, inseguros y sin saber qué hacer. Es reconocer que somos humanos, que hay momentos en los que nuestras fuerzas parecen agotarse y nuestra confianza flaquea, pero que no tenemos que enfrentar solos aquello que nos preocupa. Podemos acudir al Señor, abrirle nuestro corazón y pedirle que nos regale la serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, la fortaleza para afrontar lo que nos toca vivir y la esperanza para seguir adelante.