Lunes 19 de octubre del 2026
«Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te fíes de tu propia inteligencia; en todos tus caminos piensa en él, y él allanará tus senderos». (Proverbios 3, 5-6)
MI REFLEXION:
No demos un paso sin pedirle a Dios que ilumine nuestro camino. Hay momentos en la vida en los que debemos tomar decisiones importantes, iniciar un proyecto, emprender un nuevo camino o atrevernos a dar ese paso que tanto hemos pensado. Y, aunque creamos tenerlo todo claro, debemos recordar que no siempre, saber lo que queremos significa saber lo que más nos conviene.
A veces, confiamos tanto en nuestro propio entendimiento que olvidamos detenernos, orar y preguntarle a Dios si ese camino está en armonía con su voluntad. Queremos que las cosas sucedan a nuestra manera y en nuestro tiempo, sin comprender que los planes de Dios pueden ser diferentes a los nuestros. Por eso, antes de decidir, pongamos todo en sus manos. Pidámosle al Espíritu Santo que nos conceda su luz cuando haya confusión, que calme nuestras inquietudes cuando aparezcan las dudas y que nos dé sabiduría para reconocer el camino correcto. No se trata de dejar de actuar, sino de aprender a actuar con fe, prudencia y la confianza de que no caminamos solos.
Que cada proyecto comience con una oración, cada decisión con una consulta a Dios y cada paso con una entrega sincera a su voluntad. Y cuando finalmente decidamos avanzar, hagámoslo en el nombre de Jesús, confiando en que Dios sabrá guiarnos, corregir nuestro rumbo si es necesario y mostrarnos aquello que todavía no alcanzamos a ver. No pretendamos tener todas las respuestas. Hay cosas que solo se comprenden cuando aprendemos a esperar, a escuchar y a confiar. Porque cuando ponemos nuestros planes bajo el orden divino, dejamos de depender únicamente de nuestra propia visión y abrimos el corazón para que Dios nos conduzca hacia aquello que verdaderamente nos hace bien.