Martes 15 de septiembre del 2026
“Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Muévete de aquí para allá’, y se movería. Nada les sería imposible.” (Mateo 17:20)
MI REFLEXION:
Cuando escuchamos esta frase “La Fe mueve montañas”, esta frase tiene una fuerza enorme, porque más que hablar de montañas físicas, nos habla de esas montañas que aparecen en nuestra vida: los problemas, miedos, obstáculos, enfermedades, pérdidas, incertidumbres o sueños que parecen imposibles de alcanzar. Esta frase puede despertar muchos cuestionamientos: ¿De verdad todo es posible? ¿Cómo puede la fe cambiar aquello que parece imposible?
Para quienes creemos y confiamos en Dios, la respuesta está en dónde ponemos nuestra confianza. La fe no significa que nunca tendremos miedo, dudas o momentos difíciles; significa que, aun teniéndolos, decidimos confiar en que Dios está con nosotros y que Él puede abrir caminos donde nosotros solo vemos obstáculos, puede darnos una Luz en medio de esa oscuridad momentánea, porque cuando llega la tribulación, todo se pone oscuro. Una montaña puede ser una enfermedad, una dificultad económica, una relación que parece perdida, un sueño que llevamos años esperando o simplemente una situación que sentimos que no podemos superar.
A veces la montaña no desaparece de inmediato. Pero la fe cambia nuestra manera de enfrentarla. Nos da fuerzas para dar el primer paso, sabiduría para encontrar soluciones, paciencia para esperar y esperanza para no rendirnos. Porque cuando hacemos nuestra parte y ponemos lo que no podemos controlar en las manos de Dios, comenzamos a comprender que no estamos solos frente a la montaña. A veces Dios mueve la montaña; otras veces nos da la fuerza para subirla; y otras, nos muestra un camino alrededor de ella. Ten Fe, no te desesperes, todo sucede en su justo momento, en el momento de Dios.