Viernes 11 de septiembre del 2026
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la mota del ojo,» sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.» (Mateo 7, 3-5)
MI REFLEXION:
Qué fácil es mirar hacia afuera y encontrar los errores de los demás. Qué fácil es señalar, criticar, juzgar y hablar de lo que otros hacen mal, mientras dejamos de mirar aquello que nosotros mismos necesitamos corregir. A veces somos tan buenos descubriendo las faltas de los demás, que olvidamos detenernos a mirar y corregir las nuestras.
Antes de señalar, mírate. Antes de juzgar, pregúntate. Antes de corregir, corrígete. Antes de hablar del otro, revisa tu propia vida. Porque nadie es perfecto. Todos tenemos heridas, debilidades, errores y aspectos que Dios todavía está trabajando en nosotros. La verdadera madurez no está en descubrir cuánto se equivoca el otro, sino en tener la humildad de reconocer cuánto nos falta por mejorar a nosotros.
Y cuando aprendemos a mirarnos con honestidad, dejamos de criticar tanto y comenzamos a comprender más. No uses tus ojos para buscar los defectos de los demás mientras ignoras los tuyos. Dios no nos llamó a ser jueces de nuestros hermanos, sino instrumentos de amor, comprensión y transformación. Hoy, antes de mirar la mota en el ojo de alguien más, pregúntate: ¿qué viga necesito sacar de mi propio ojo?