Miercoles 1 de julio del 2026
«Porque para Dios no hay nada imposible.» (Lucas 1:37)
MI REFLEXION:
Hay algo que duele más que una dificultad, una enfermedad o una pérdida: perder la fe. Porque cuando la fe se apaga, también se apaga la esperanza, y cuando la esperanza muere, comenzamos a creer que todo está perdido. Estos días hemos visto escenas conmovedoras en Venezuela. Personas atrapadas bajo los escombros y rescatistas que, contra toda lógica humana, siguen buscando porque creen que aún puede haber vida. Y esa fe ha sido recompensada una y otra vez: han encontrado sobrevivientes donde muchos ya no esperaban nada.
Así también obra Dios en nuestras vidas. Tal vez hoy tú sientes que tus sueños están sepultados bajo los escombros del dolor, del fracaso, de una enfermedad, de una pérdida o de una situación que parece no tener salida. Pero recuerda: mientras Dios siga siendo Dios, nunca habrá un caso perdido.
No permitas que el miedo hable más fuerte que tu fe. Lo que hoy tus ojos no alcanzan a ver, Dios ya lo está preparando. Entrégale tu carga, confía en Su tiempo y deja que Él haga lo que solo Él puede hacer. Porque la fe no niega la realidad; la fe nos recuerda que Dios tiene la última palabra.