Viernes 28 de agosto del 2026
“Dios es nuestro amparo y nuestra fuerza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia.”(Salmo 46:1)
MI REFLEXION:
Ante cada tragedia que ocurre en el mundo, es natural que nos preguntemos: ¿Por qué Dios permite esto? ¿Está enojado con nosotros? ¿Por qué tienen que sufrir personas inocentes? Son preguntas humanas. Y hacerlas no nos convierte en ateos ni significa que hayamos perdido la fe. Incluso las personas que creen profundamente en Dios pueden sentir miedo, tristeza, impotencia y hasta preguntarle: “Señor, ¿por qué?”
Pero quizás estamos buscando en el lugar equivocado. Dios no nos prometió una vida sin dificultades; nos prometió su presencia en medio de ellas. No todo lo que sucede es un castigo de Dios. Vivimos en un mundo donde existen fenómenos naturales, decisiones humanas, accidentes y circunstancias que escapan a nuestro control. Pretender encontrar en cada tragedia una señal de que Dios está enojado puede aumentar nuestro miedo y, peor aún, convertir el dolor de otros en un juicio.
Quizás, ante una tragedia, la pregunta no debería ser solamente “¿Por qué Dios permitió esto?”, sino también: “¿Qué podemos hacer nosotros frente al dolor de nuestros Hermanos?” Orar, ayudar, acompañar, solidarizarnos y agradecer por la vida que tenemos hoy también son expresiones de fe. Porque Dios no siempre evita la tormenta, pero puede darnos la fortaleza para atravesarla. Y aun cuando no entendamos sus caminos, podemos seguir confiando en que su amor no desaparece en medio del sufrimiento.
No juzguemos la fe de quien pregunta. Abracemos sus preguntas con amor. Porque a veces, detrás de un “¿por qué Dios permite esto?”, no hay incredulidad… hay simplemente un corazón que está tratando de entender el dolor. Tu simplemente piensa y siente…que Dios siempre esta ahi a tu lado.