Jueves 30 de julio del 2026
«No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6-7)
MI REFLEXION:
Vivimos tiempos en los que basta mirar a nuestro alrededor para sentir preocupación. Hay familias divididas, hijos y padres enfrentados, dificultades económicas, enfermedades que llegan sin avisar, incertidumbre por el futuro y fenómenos naturales que nos recuerdan lo frágil que puede ser la vida. Es normal que, por momentos, el corazón se llene de miedo y la fe parezca tambalear. Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando más necesitamos recordar una verdad que nunca cambia: Dios no ha dejado de estar con nosotros. Saber, que Él sigue caminando a nuestro lado, aun cuando no lo vemos. Sigue sosteniéndonos cuando sentimos que las fuerzas se acaban. Sigue abriendo caminos donde nosotros solo vemos obstáculos.
No podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos decidir dónde ponemos nuestra mirada. Si la fijamos únicamente en los problemas, viviremos angustiados. Pero si la levantamos hacia Dios, encontraremos esperanza para seguir adelante. La fe no consiste en negar las dificultades; consiste en creer que Dios es más grande que cualquiera de ellas. Es confiar en que Él ya está obrando, incluso cuando todavía no vemos la respuesta.
Por eso hoy, suelta esa carga que has estado llevando solo. Entrégale a Dios tus preocupaciones, tus temores y tus incertidumbres. Descansa en Él. Haz lo que te corresponde con amor, responsabilidad y perseverancia, y permite que Dios haga aquello que solo Él puede hacer. No pierdas la esperanza. No permitas que las circunstancias apaguen tu luz. Mantén una mente positiva, un corazón confiado y una fe firme, porque quien pone su vida en las manos de Dios nunca camina solo. Confía, espera y sigue adelante. Dios ya va delante de ti. Él hará el resto.