Miercoles 10 de junio del 2025
«Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.» (Salmo 16,1)
MI REFLEXION:
Hoy nuestros corazones miran hacia la Tierra Santa, donde tantas familias viven horas de angustia, incertidumbre y dolor. Mientras el ruido de las bombas y el temor intentan apagar la esperanza, elevemos una oración sincera al Dios de la vida y de la paz.
Pidamos al Señor que extienda su mano poderosa sobre cada niño asustado, cada madre que llora, cada anciano que teme y cada persona inocente que anhela volver a vivir en tranquilidad. Que su infinita misericordia aplaque la violencia, toque los corazones endurecidos y haga brotar caminos de reconciliación donde hoy parece imposible encontrarlos.
Que nunca nos acostumbremos al sufrimiento ajeno. La oración no cambia el pasado, pero puede sostener a quienes sufren y mantener viva la esperanza de un futuro diferente. Hoy, desde donde estamos, unámonos en una sola voz: Señor, protege a tu pueblo. Guarda a los inocentes del enemigo. Lleva consuelo a los afligidos y concede a la Tierra Santa el don precioso de la paz. Amén.