Miercoles 20 de mayo del 2026
“El Sana los enfermos, echa fuera demonios, calma los vientos y la tempestad” (Estrofa de una canción)
MI REFLEXION:
Qué hermosa verdad nos recuerda una estrofa de esta canción carismática. Nuestro Jesús no es un Dios lejano ni indiferente al dolor humano, s un Dios vivo, cercano, compasivo, que mira nuestras heridas, escucha nuestro clamor y extiende su mano sanadora sobre nosotros y los nuestros. A lo largo del Evangelio vemos a Jesús devolviendo la vista a los ciegos, levantando paralíticos, sanando corazones rotos y devolviendo esperanza a quienes la habían perdido. Y ese mismo Jesús sigue obrando hoy. Tal vez los médicos han dado un diagnóstico difícil, tal vez las fuerzas parecen agotarse o las preocupaciones nos quitan la paz, pero cuando el hombre dice “no se puede”, Dios tiene la última palabra.
La fe no significa que nunca tendremos problemas, sino que aun en medio de la tormenta sabemos quién va en nuestra barca. Jesús calma los vientos de la angustia, sana el alma cansada y fortalece a quien siente que ya no puede más. Él pone orden donde hay caos, paz donde hay miedo y vida donde parece haber oscuridad. Hoy queremos poner en las manos del Señor nuestra salud y la de nuestros seres queridos. Cada dolor, cada enfermedad, cada lágrima y cada preocupación. No estamos solos, hay un Jesús sanador caminando a nuestro lado, sosteniéndonos con amor infinito.
Si tienes a alguien enfermo, si conoces a alguien necesitado de oración, este es el momento de levantar su nombre al cielo y confiar. Dios escucha, Dios actúa, Dios sana. Señor: Toca con tu mano sanadora a cada persona enferma en este momento, fortalece al que ha perdido las fuerzas y llena de paz a quien hoy vive preocupado. Donde el hombre no encuentra salida, manifiesta tu poder y tu amor. Confiamos en Ti, Señor, porque sabemos que en tus manos siempre hay esperanza… Amén.