Martes 17 de febrero del 2026
“Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie.” (Santiago 1:12-13)
MI REFLEXION:
Este pasaje de hoy, en el cual apoyo mi reflexión, nos recuerda que la prueba no es el final, sino el proceso que fortalece nuestra fe, y que Dios nunca es el origen del mal, sino la fuente de la recompensa, la fortaleza y la vida. La prueba no es un castigo enviado por Dios, es un espacio donde se revela lo que habita en nuestro interior.
No es Dios quien hiere, es la vida la que nos confronta; y en medio de esa confrontación, Dios permanece, no como autor del dolor, sino como sostén de nuestra alma. Cuando la prueba llega, nuestra fe se desnuda. Ahí descubrimos si confiamos solo cuando todo está bien, o si también creemos cuando todo parece incierto. La prueba no viene para destruirte, viene para mostrarte que Dios sigue contigo, incluso cuando no lo sientes. Dios no tienta, Dios acompaña. No abandona, no se aleja, no castiga, siempre siempre esta a nuestro lado.
Recuerda…….Él camina a tu lado, fortaleciendo tu espíritu, susurrando esperanza cuando el miedo quiere dominarte. Cada dificultad es una oportunidad para afirmar tu confianza y recordar que su amor no depende de tus circunstancias. Confía, Dios no quiere tu caída, quiere tu crecimiento. No quiere tu sufrimiento, quiere tu victoria. Y después de la prueba, siempre llega la corona de la vida… porque Dios honra a quienes, aun con lágrimas, deciden seguir creyendo.