LOS MAESTROS QUE NO ELEGIMOS, PERO QUE NECESITAMOS

Martes 10 de febrero del 2026

“Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman.” (Romanos 8:28)

MI REFLEXION:

Los maestros de la vida, no siempre vienen con suavidad ni con palabras bonitas a nuestras vidas. Muchos llegan disfrazados de conflicto, de pérdida, de decepción o de silencio.  Son esas personas que aparecen a tu alrededor para mostrarte, como un espejo, lo que aún necesita ser trabajado dentro de ti.  Y tu dirías, como así, no entiendo bien…    Vamos a poner algunos ejemplos para que puedas entenderlo, y posiblemente verificar si te ha pasado.  Por ejemplo, esa persona que te trata con indiferencia, que no te prioriza o que te hace sentir poco importante, no llega para destruirte.  Llega a tu vida, para que tu evalúes o a enseñarte que tanto te valoras tú, qué límites necesitas poner y cuántas veces has aceptado menos de lo que mereces.  El dolor no viene de la persona, viene de darte cuenta de que te has abandonado a ti misma.

Otro ejemplo:  La persona que constantemente te critica, te juzga o te hace sentir insuficiente, llega para mostrarte si aún dependes de la aprobación ajena. Te enseña a fortalecer tu identidad, a sostenerte por dentro y a dejar de buscar afuera lo que solo puede nacer en tu interior: seguridad y amor propio.    Otro ejemplo seria, ese maestro silencioso: alguien que se va, que se aleja o que ya no está.  Su ausencia te confronta con tus apegos, con tus miedos más profundos y con la necesidad de aprender a soltar. Te enseña que no todo lo que amas te pertenece y que a veces crecer implica dejar ir, soltar.

Muchas veces vemos estas experiencias solo como dolor, injusticia o castigo.  Pero cuando miramos con ojos más conscientes, entendemos que no vienen a dañarnos, sino a despertarnos.   La vida no se equivoca con las personas que pone en nuestro camino, todo es perfecto; cada una trae una lección exacta para el momento que estamos viviendo.   Cuando comprendemos esto, dejamos de preguntarnos “¿por qué me pasó?”y comenzamos a preguntarnos “¿para qué?”.   Y en ese cambio de mirada, comienza la sanación interior y el crecimiento.  Muchas veces estos Maestros son fuertes, pero son necesarios para despertar, crecer y valorarnos.

Deja un comentario