Lunes 9 de febrero del 2026
“Y dondequiera que llegaba, a aldeas, ciudades o campos, colocaban a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban sanos.” (Marcos 6:56)
MI REFLEXION:
Así como en aquel tiempo llevaban a los enfermos a la plaza con la esperanza de tocar el borde del manto de Jesús, hoy también nosotros llevamos ante Él nuestras propias dolencias. No solo las físicas, sino esas que no siempre se ven: las heridas del alma, los cansancios emocionales, las tristezas profundas, los miedos, las decepciones y las cargas que la vida nos va dejando.
Tocar el borde de su manto hoy es creer aun cuando todo parece confuso. Es orar cuando faltan fuerzas, confiar cuando la respuesta tarda y esperar sin perder la fe. Es entregar cada situación a Jesús con la certeza de que Él ve, escucha y actúa a su tiempo perfecto.
Cuando tocamos su manto con fe, las heridas comienzan a sanar, las enfermedades encuentran alivio, las tristezas se disipan y el corazón vuelve a encontrar paz. No siempre de inmediato, pero sí con la seguridad de que no estamos solos. En Jesús hay consuelo, restauración, liberación y esperanza. Hoy, como ayer, basta un acto sincero de fe para experimentar su poder sanador en nuestras vidas. Amen.