EN DIOS CONFÍO Y NO TEMO 

Jueves 22 de enero del 2026

“En el día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3)

MI REFLEXION:

Hay momentos en la vida en los que el temor llega sin pedir permiso.  Aparece cuando un diagnóstico nos inquieta, cuando las finanzas no alcanzan, cuando el trabajo se vuelve incierto, cuando una relación se enfría o cuando la familia atraviesa conflictos que nos duelen el alma.  El temor nos arropa con preguntas que no tienen respuesta inmediata: ¿Qué será de mí? ¿Qué va a pasar? ¿Y si no sale bien? ¿Cómo sigo adelante?  Y sin darnos cuenta, comenzamos a vivir más en el “qué pasará” que en el “Dios está conmigo”.

El Salmo nos recuerda una verdad poderosa: “En Dios confío y no temo”.  No dice que no habrá problemas, ni que todo será fácil.  Dice que cuando confiamos en Dios, el temor pierde autoridad sobre nuestro corazón.  Confiar en Dios no es negar la realidad, es mirarla con fe.  Es aceptar que no siempre sabemos qué hacer ni cómo actuar, pero sí sabemos en quién apoyarnos.  Es soltar el control, entregar la carga y descansar en la certeza de que Dios ve lo que nosotros no vemos y obra incluso cuando todo parece detenido.

Cuando ponemos nuestra confianza en Dios, el temor no desaparece por arte de magia, pero deja de gobernarnos.   La fe se levanta, la paz comienza a ocupar espacio y el corazón aprende a descansar, aun en medio de la tormenta.  Hoy, más que entenderlo todo, elige confiar.  Más que temer, decide creer.
Porque quien confía en Dios nunca está solo, nunca está perdido y nunca llega tarde a su propósito.

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