Martes 27 de mayo del 2025
«Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.» (Santiago 3:16)
MI REFLEXION:
Hay algo curioso en el ser humano: cuando ve a otros siendo felices, en vez de alegrarse, a veces se incomodan. En estos días comprobé algo: cuando te ven disfrutar, vacacionando, divirtiéndote, y mas cuando estas acompañada, enseguida empiezan a sorprenderse, inclusive a cuestionar como puede ser posible que exista tiempo para tanta diversión, se sorprenden de como uno puede manifestar tanta alegría. Es como que quisieran ver a uno en depresión, encerrada, tristes, etc. Esto provoca un ruido increíble. Y me pregunto: ¿por qué molesta tanto la alegría ajena?
La envidia muchas veces no grita, pero se nota. Está en los gestos, en los comentarios disfrazados, en el silencio que, en lugar de acompañar, juzgan. Y sin embargo, hay algo que la envidia nunca podrá apagar: el amor verdadero. La Biblia dice que “la envidia es carcoma de los huesos” (Proverbios 14:30), pero también nos recuerda que “el amor no es envidioso” (1 Corintios 13:4). Entonces, si el amor no es envidioso, la envidia es todo lo contrario al amor.
Y ahí está el secreto. Cuando tú amas, no compites. Cuando tú estás en paz, no comparas. Cuando tú sabes quién eres y con quién estás, no necesitas la aprobación del mundo. Sigue brillando sin miedo, ama, porque estar enamorado es hermoso. La envidia siempre mira desde lejos, pero el amor, ese sí, siempre camina contigo. Cierro con esta frase: “La envidia es el aplauso silencioso de quienes no se atreven a ser felices.”
Termino con esta bonita canción “Color de Esperanza”