CONFIANZA PLENA

Viernes 23 de mayo del 2025

«Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.» (Salmo 1)

MI REFLEXION:

La confianza es una de las decisiones más sagradas que tomamos en la vida.  Es un acto del corazón. Y cuando esa confianza está puesta en Dios, nuestra alma respira paz, aunque todo a nuestro alrededor parezca temblar. Muchas veces, en este caminar de fe, desviamos esa confianza hacia las personas: un sacerdote, un pastor, un hermano de comunidad.  Incluso, depositamos toda nuestra fe en una pareja, un hijo, un amigo o un familiar. Y aunque amar y confiar es parte de nuestras relaciones humanas, no podemos perder de vista que todos, absolutamente todos, somos frágiles, imperfectos, vulnerables. Cuando alguien a quien hemos confiado todo nos falla, duele… y duele hondo.  El alma se sacude, nos sentimos traicionados, decepcionados, heridos. Pero es en ese momento cuando más necesitamos recordar lo esencial: nunca seremos defraudados cuando nuestra confianza está primero en Dios.  Dios no miente, no falla, no se retracta, no traiciona. Su amor es eterno, su fidelidad es absoluta. Por eso, el alma que descansa en Él, aunque la vida le tambalee, nunca se cae del todo.

Ahora bien, también está esa confianza que se construye entre las personas. Qué hermoso y valioso es cuando en una relación de pareja hay confianza y lealtad. Cuando uno puede mirar al otro con los ojos del alma y sentir seguridad. Lo mismo pasa con los vínculos familiares: cuando hay amor genuino, respeto y lealtad, la confianza florece como un árbol junto al río.  Esa confianza también viene de Dios, porque donde hay amor verdadero, Él está presente.  Pero aun en medio de esas relaciones tan hermosas, nunca olvides el orden: primero confía en Dios. Que tu estabilidad emocional y espiritual no dependa únicamente de la conducta de otros. Que tu paz no se derrumbe si alguien falla. Porque si tu raíz está bien plantada en Dios, te dolerá… sí, pero no te destruirá.

Hoy te invito a preguntarte: ¿En quién estás poniendo tu confianza? ¿En qué estás descansando tu esperanza?  Antes de tomar una decisión, antes de entregarte por completo a un proyecto, a un sueño, a una persona… detente un momento y preséntaselo al Señor. Entrégale tus pensamientos, tus deseos, tus sentimientos, tus anhelos más profundos. Él sabe lo que te conviene. Él ve más allá.  Él nunca te dejará solo. Y recuerda: El corazón que confía en Dios jamás será avergonzado.   Cierro con esa bella canción “Dios de victoria”

Deja un comentario