Lunes 30 de noviembre del 2020
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. (Vean Mateo 8:5 en adelante)
MI REFLEXION:
Qué bueno es el Señor, que a pesar de nuestras debilidades, de nuestras fallas, aun así escucha todo lo que le pedimos en oración, sin ver esas faltas. Muchas veces nos sentimos indignos de recibir tanto a veces a cambio de casi nada para nuestro Señor.
Durante celebración Eucarística, este es una de las frases que todos repetimos, que más me llega al corazón y que cuando sale de mi boca lo digo con gran sentimiento: Señor no soy digna de que entres en mi casa (ósea mi corazón, mi vida) pero una palabra tuya bastara para sanarme (para levantarme, liberarme) con tu llamado, con tu palabra.
Señor, este hermoso día, inicio de semana, ponemos nuestras vidas en tus manos, de una manera especial nuestras debilidades. Señor fortalece nuestra Fe, y permítenos seguir a tu lado siempre. No nos sueltes Señor. Te amamos y te bendecimos, y te damos gracias por todo.
Cierro con esta bella canción “No soy Digno que entre en mi casa”