Viernes 11 de mayo del 2018
Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. (Mateo 8:2-3)
MI REFLEXIÓN PERSONAL:
Hoy el Señor quiere venir a ti y sanarte, liberarte de eso que es tu lepra: una tristeza, una desilusión, el pecado, una enfermedad. Solo basta con tener el deseo de aceptarle en tu corazón y permitirle obrar y renovarte.
Recuerda que Jesus no entra en tu corazón si tú no lo permites, es muy respetuoso en ese sentido. El toca la puerta de tu corazón y espera que tú le abras. Yo te cuento, que un día le abrí mi puerta, El entro y se quedó conmigo. Hoy en día es mi compañero, mi guardián, mi refugio, mi sostén, mi guía. Nunca me deja sola, siempre va conmigo y esta ahí. Tú solo tienes que decirle: Ven Señor a mí, sáname, libérame. Y el Señor vendrá!!!
Cierro con esta cancioncita “Señor te necesito”